ALERTA
EN LA ANTARTIDA: EL HIELO MARINO ALCANZO UNO DE LOS NIVELES MAS BAJOS JAMAS
REGISTRADOS DE SU HISTORIA
La
superficie congelada alrededor del continente quedó casi un millón de
kilómetros cuadrados por debajo del promedio histórico.
Los científicos analizan las causas y advierten sobre su impacto.
TN
El
hielo marino que rodea la Antártida
volvió a registrar niveles excepcionalmente bajos. Durante el invierno austral
de 2026 alcanzó su tercera menor extensión desde que comenzaron las mediciones
satelitales, hace casi cinco décadas.
El
dato encendió nuevamente las alertas entre los científicos por una tendencia
que se repite en los últimos años y que podría tener consecuencias sobre el
clima y los ecosistemas de la región.
De
acuerdo con los registros del National Snow and Ice Data Center (NSIDC), el
hielo marino antártico alcanzó el 14 de septiembre una superficie máxima de 17,59
millones de kilómetros cuadrados. La cifra quedó cerca de un millón de kilómetros
cuadrados por debajo del promedio registrado entre 1981 y 2010.
La
dimensión de la anomalía puede entenderse mejor con una comparación: la
superficie de hielo que faltó respecto del promedio equivale a casi cuatro
veces la provincia de Buenos Aires.
El
comportamiento de este año no aparece de manera aislada. Los cuatro máximos
invernales más bajos de toda la serie satelital se registraron durante los
últimos cuatro años, un fenómeno que los especialistas siguen con atención para
determinar hasta qué punto representa un cambio persistente en el sistema
antártico.
A
diferencia del hielo que forma parte de la superficie continental, el hielo
marino se genera cuando se congela el agua del océano. Durante el invierno se
expande alrededor del continente y, con la llegada de los meses más cálidos,
vuelve a retroceder.
Por
eso, su derretimiento no provoca directamente un aumento del nivel del mar. Sin
embargo, cumple una función clave: refleja parte de la radiación solar y ayuda
a mantener frío el océano.
Los
científicos estudian distintos factores detrás de las bajas extensiones
observadas durante los últimos años. Entre ellos aparecen las temperaturas del
océano, los cambios en los patrones de viento y las variaciones de la
circulación atmosférica.
Los
datos de Copernicus ya habían mostrado una señal durante agosto: ese mes, la
extensión promedio del hielo marino antártico fue de 17 millones de kilómetros
cuadrados, un 6,5% por debajo del promedio de 1991-2020 y el cuarto registro
más bajo para un agosto desde que comenzaron las observaciones satelitales.
Las
mayores anomalías se observaron entonces en sectores del mar de Amundsen y del
océano Índico. En algunas de esas regiones, los vientos provenientes del norte
empujaron el hielo hacia el continente y llevaron temperaturas superiores a las
habituales.
Aunque
la extensión del hielo antártico presenta importantes variaciones de un año a
otro, la sucesión de registros excepcionalmente bajos mantiene la atención de
la comunidad científica. El interrogante ahora es si se trata de una sucesión
de años extremos o de una transformación más duradera en el comportamiento del
hielo que rodea al continente.
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