LAS
LAGRIMAS DE FEDERER EN EL SALON DE LA SALA Y LA FRASE SOBRE SU ESPOSA QUE LO TERMINO
DE QUEBRAR: “ELLA Y YO NOS TOMAMOS DE LA MANO Y ATRAVESAMOS PAREDES”
El suizo ingresó al Salón Internacional de la Fama del
Tenis y se emocionó varias veces durante un discurso de casi media hora.
Recordó sus días como alcanzapelotas en Basilea,
agradeció a sus padres y explicó por qué la fama nunca fue el objetivo de su
extraordinaria carrera.
Clarin
Roger
Federer pasó buena parte de su carrera haciendo que lo difícil pareciera
fácil, como si detrás de aquella elegancia que lo acompañó durante más de dos
décadas no existieran los nervios, las dudas ni las emociones capaces de
alterar su pulso. Pero esta vez no pudo controlarlas. El suizo ingresó este
sábado al Salón Internacional de la Fama del Tenis y se quebró varias
veces durante un discurso de casi media hora en Newport, donde recordó al chico
que alguna vez fue alcanzapelotas en Basilea, agradeció a sus padres,
entrenadores e ídolos y terminó llorando cuando llegó el momento de hablar
de Mirka, la mujer que estuvo a su lado mucho antes de que se convirtiera en
uno de los mejores tenistas de la historia. “Ella y yo nos tomamos de la mano y
atravesamos paredes”, alcanzó a decir Federer, de 45 años, en el momento más
emotivo de una noche en la que los 20 Grand Slam, las 237 semanas
consecutivas como número uno y todos sus récords quedaron, por una vez, en un
segundo plano.
Federer
llegó al escenario cuando el sol empezaba a caer sobre la tradicional cancha de
césped de Newport, vestido con un elegante traje beige, y antes de comenzar
besó y abrazó a Mirka, quien había tenido la responsabilidad de presentarlo.
“Oh, hombre. Esto es de altísimo nivel y muy difícil de superar”, fueron las
primeras palabras del ex número uno del mundo, que enseguida buscó bajar la
tensión con una broma dirigida a su mujer: “No sé si estuviste practicando a
escondidas”.
Después,
sin embargo, las emociones empezaron a ganarle el partido. Fueron tantas las
pausas que necesitó para secarse las lágrimas y recuperar la voz que Federer
bromeó con que, a ese ritmo, terminaría el discurso cuando volviera a salir el
sol. Y hubo algo curioso en esa media hora: el hombre que construyó una de las
carreras más extraordinarias de la historia del tenis prácticamente no habló de
sus títulos ni de sus récords. Prefirió hablar del viaje.
Hasta
que llegó Mirka. “Ahora viene la parte de Mirka”, anunció. Y ya no pudo seguir.
Y
entonces apareció la frase de la noche: “Ella y yo nos tomamos de la mano y
atravesamos paredes. Gracias”
“Este
chico de Basilea les agradece este increíble honor. Y les agradezco a ustedes,
a todos ustedes, por haber compartido el viaje que nos reunió”.
El
chico de Basilea ya tiene su lugar entre los inmortales. Y esta vez, sin una
raqueta en la mano, con Mirka a pocos metros y toda una carrera pasando por
delante de sus ojos, ni siquiera Roger Federer pudo contener las lágrimas.
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conmigo acompañando mis notas, dejando un comentario de aliento y para todos
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