FELIPE PUDO SER OPERADO GRACIAS A UNA DONACION DE LOS PADRES DE OTRO BEBE Y ESTABA FUERA DESDE HACIA 18 MESES
Felipe
Palagani fue el primer paciente en Argentina en recibir una donación en
asistolia en junio del año pasado cuando tenía un año.
Clarin
El
sábado regresó a Neuquén con su mamá. Desde octubre de 2024 que estaban en
Buenos Aires, cuando tuvo que ser internado.
Lo
hizo posible el equipo médico del Italiano y la solidaridad de los papás de
Luca Ferragut, otro bebé con el que compartía la habitación y se convirtió en
donante.
Esa
historia vuelve ahora en forma de regreso a casa. Es sábado. Son las 13.30 y el
departamento de la calle Rawson empieza a vaciarse. Durante meses fue refugio,
trinchera y sala de espera. Pamela ordena como puede: revisa una valija, la
vuelve a abrir, la cierra otra vez. Mira el piso, las paredes, como si
necesitara asegurarse de no dejar nada atrás. No es solo ropa. Es un año de
noches sin dormir, de alarmas internas siempre encendidas, de vivir con el
cuerpo en estado de guardia.
Clarín acompaña
a Pamela, a Felipe y a Mateo en todo el regreso a casa, desde ese último
mediodía en Buenos Aires hasta la llegada al barrio Alta Barda, en Neuquén,
donde la historia empezó y donde ahora, por fin, continúa.
Pamela
llegó desde Neuquén con un hijo internado y otro de la mano. Hace más de un año
que no pisa su casa. No recuerda su olor. No recuerda cómo se siente dormir sin
armar un sillón cama. El departamento lo habían elegido con precisión
quirúrgica: a cinco minutos del Hospital Italiano. Juan, su marido, había
cronometrado el trayecto. “Cinco minutos pueden ser vitales”, había dicho
a Clarín el día que le dieron el alta. Y durante meses, esa cercanía
fue una forma de sostener el miedo.
En
el hall espera Macarena, la hermana menor de Pamela. Tiene 28 años y vive en
Buenos Aires. Es la encargada de acompañar el viaje. Hay valijas grandes,
chicas, bolsos que salieron antes en un flete, medicamentos que no pueden
olvidarse. Todo entra donde puede.
“Está
súper nerviosa. Ya quiere llegar a casa”, dice Macarena, mientras busca un auto
desde el celular. “Los medicamentos de Feli también van con nosotras. Y en
Neuquén nos van a esperar. Nos van a recibir como en una mini fiesta”, explica.
Nada
de este regreso empezó hoy. La vuelta a Neuquén fue durante meses una idea
dicha en voz baja, casi como una promesa que Pamela repetía para no perderse en
la espera. Ya lo había dicho antes, cuando Felipe todavía estaba internado,
cuando cada día se parecía demasiado al anterior: volver a casa era el
horizonte. No como un festejo, sino como una necesidad.
“Quiero
que Feli vuelva a su casa, a su lugar”, había contado entonces. Volver no era
solo cambiar de ciudad: era recuperar algo que la enfermedad había puesto en
pausa.
“Estoy
muy contenta. No tengo voz ya. Feli estaba un poco nervioso en el viaje, pero
yo también. Este viaje fue un montón para él. Desde octubre de 2024 que no
venía a Neuquén”, dice Pamela por su parte. Mira alrededor y todavía no cae.
“Quiero llegar ya y vernos a los cuatro juntos”.
Mateo
se acerca, la abraza de las piernas y, con cuatro años, pide hablar. Dice,
tímido y firme: “Gracias. Ahora sí, lo logramos. Estoy muy feliz por eso”.
Y
ahí, en esa calle de Neuquén, la vuelta deja de ser un viaje y se convierte,
por fin, en casa.
Les agradezco su enorme apoyo
y además les informo para los amantes del deporte que he abierto otro blog
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